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La importancia de un cuello libre de tensión

Generalmente en nuestro diario vivir no nos detenemos a analizar de qué manera nos movemos, o si las acciones que realizamos tienen consecuencias negativas sobre nuestra funcionalidad corporal.

Somos una totalidad músculo-esquelética que funciona las 24 horas del día, permitiéndonos realizar desde movimientos muy simples hasta grandes hazañas deportivas. Por otro lado, son cada vez más comunes los dolores provenientes del uso inadecuado de nuestra propia musculatura y de nuestro desequilibrio general.

Por ejemplo cuando utilizamos dispositivos electrónicos como tablets o celulares solemos sobre exigir a la musculatura del cuello llevando el peso de la cabeza hacia delante. Pareciera que utilizar estos aparatos no conlleva un gran esfuerzo muscular o una dinámica de movimiento en la que tengamos que prepararnos de antemano. Sin embargo, es un hecho que día con día los dolores de espalda, cuello y extremidades son más recurrentes.

¿Por qué?

Nuestra cabeza tiene un peso promedio de 6 a 7 kilos. Con solo imaginar el peso de 7 bolsas de azúcar podemos dimensionar la enorme sobrecarga que tiene el resto de nuestro cuerpo teniendo que soportar el peso de la cabeza.

Estamos diseñados de una manera tan magistral que a pesar de cargar con los 7 kilos de cabeza, podemos movernos por la vida mediante un sofisticado sistema de palancas, balances y coordinación muscular que hace posible que seamos bípedos. La pregunta siguiente sería: ¿de qué manera podemos concebir el movimiento de modo que el equilibrio de todas las partes se mantenga y el resultado sea un movimiento fluído y libre?

La mayor parte del recorrido de la musculatura de la espalda y del torso se dirige hacia nuestro cuello. Es decir que es allí donde confluyen la mayor cantidad de fibras musculares que nos dan soporte, fuerza y que permiten los movimientos de nuestras extremidades. Es fácil concluir que cualquier esfuerzo o sobrecarga en el cuello afectará a la totalidad, haciendo que los movimientos requieran un exceso de energía y tensión.

Obsérvate

Proponte observarte en tus acciones cotidianas como sentarte, caminar, cepillarte los dientes, o simplemente estar parado. ¿Cómo está la musculatura de tu cuello? ¿qué sucede con tu cabeza cuando decides dar un paso o sentarte? ¿Cómo se ve afectada la musculatura de tu nuca cuando decides hacer un esfuerzo para levantar una carga pesada?

Si tu deseo de observarte es continuo, notarás que tu percepción de lo que ocurre se vuelve más precisa y más aguda.

A partir del momento en que tomas conciencia de lo que estás haciendo con tu cuello se abren nuevas posibilidades.

Una de las opciones puede ser detener la acción de lo que estás realizando tan pronto como te das cuenta de que la musculatura de tu cuello se está activando más de lo necesario. Es decir que si estás a punto de sentarte y ves que el cuello se anticipa tensándose, es en ese momento en que puedes decidir interrumpir la acción de sentarte. Puedes decirte a ti mismo mentalmente “ahora no”, “me voy a sentar pero en un instante”. Pausar la acción habitual es una de las maneras más efectivas de interrumpir el fluir automático de un movimiento o dinámica que pudiera ser perjudicial para nuestro cuello.

Practica estos momentos de pausa, de reflexión acerca de cómo estás realizando la actividad.

Darte mensajes

Una vez que haz decidido interrumpir el curso de la acción habitual puedes pensar en la manera en que vas a realizarlo, en lugar de seguir actuando de manera automática.

Ya que todo el esfuerzo innecesario muchas veces es efectuado por el cuello, éste puede ser el punto desde podemos recomenzar. Podemos pensar en que nuestro cuello esté libre de tensión, y al pensarlo estaremos emitiendo pequeños mensajes sutiles pero muy poderosos a la musculatura del cuello para que se libere. Podemos repetirnos mentalmente frases como “cuello libre”, “suelto el cuello”, o la que sea que te sirva para poner un freno a la reacción automática de tensión.

Lo interesante de observarte y luego enviar mensajes a tu cuello es que aunque no sepas con exactitud qué es lo que ocurre con tu equilibrio y con tu musculatura, tu acción no va a ser producto de tu hábito, es decir que surgirá un movimiento diferente al que estabas acostumbrado y de este modo estarás comenzando a romper con el ciclo de acción y reacción habitual.

La Técnica Alexander es la herramienta que posibilita que dejemos de lado aquellos mecanismos que hacen que nos generemos tensiones que no necesitamos, mecanismos que por ser habituales no percibimos de manera muy clara. En una clase de la Técnica, el profesor puede ayudarte a detectar qué es lo que estás haciendo de más y motivarte a encontrar nuevas caminos que posibiliten un movimiento ligero y natural en todas tus acciones.

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