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Los hábitos y la Técnica Alexander

Una de las definiciones de la palabra hábito según el diccionario de la Real Academia Española es: Modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas.

Es decir que en relación a esta definición habría dos variantes en los que un determinado proceder se convertiría en hábito: la primera variante serían aquellos actos que por ser repetidos de manera igual constituyen un hábito, y la segunda variante son aquellas tendencias instintivas que nos hacen actuar de manera habitual. Yo agregaría una tercera variante, que es la combinación de estas dos posibilidades, es decir aquellas acciones que realizamos de manera instintiva y que también repetimos de igual forma.

El hábito así entendido tiene un componente inconsciente, si se trata de tendencias instintivas, pero también un componente que podría llegar a ser consciente al momento de repetir las acciones iguales o semejantes.

Los hábitos forman parte de nuestra vida, y conforman junto con nuestro carácter, personalidad y emociones, nuestra total estructura, aquella que nos va a permitir desarrollarnos a lo largo de los años, realizando actividades, trabajando y relacionándonos. Podríamos decir que toda nuestra vida es un enorme entramado de hábitos que nos impulsan a vivir. La cuestión a analizar es ¿qué sucede cuando existen hábitos que lejos de posibilitar nuestro desarrollo nos constriñen o nos limitan, ya sean éstos hábitos que se generan por repetición o por una reacción inconsciente e instintiva? ¿qué capacidad real tenemos de modificar conductas o acciones que a fuerza de repetirse de manera consciente o inconsciente se han instalado en nuestra vida cotidiana? ¿Qué hábitos reconocemos como perjudiciales en nosotros?

 Consciente vs. Inconsciente

 ¿A qué nos referimos con acciones conscientes y acciones inconscientes?¿cuándo una acción es consciente y cuando es inconsciente?

 Nuevamente apelando al diccionario de la RAE, el adjetivo consciente es definido así: Dicho de una persona: Que tiene conocimiento de algo o se da cuenta de ello, especialmente de los propios actos y sus consecuencias.

De manera contraria la definición de inconsciente es: Que no tiene conocimiento de algo concreto, o de sus propios actos y sus consecuencias y una tercera acepción ya más relacionada al campo de la Psicología define a la palabra inconsciente como el conjunto de caracteres y procesos psíquicos que, aunque condicionan la conducta, no afloran en la conciencia. Nuestro poder radica en la capacidad de hacer conscientes nuestros hábitos, es decir darnos cuenta del acto en sí y de sus consecuencias.

Existen muchos hábitos conscientes como leer un libro todas las noches, mirar televisión mientras comemos, levantarnos a la misma hora, fumar, comer chocolate, etc. y también hay muchos hábitos inconscientes como tensar el cuello al movernos, pensar en el trabajo al momento de acostarnos para dormir, contener la respiración cuando estamos concentrados en alguna actividad, etc. Ambas listas de hábitos conscientes e inconscientes podrían ser interminables.

Te propongo el siguiente ejercicio: toma un lápiz y un papel y haz un listado de todas aquellas acciones que realices de manera consciente, aún las que consideres menos relevantes, y por otro lado haz otro listado en el que puedas enlistar aquellas acciones que realizaste en algún momento de manera inconsciente pero que de alguna manera se han vuelto conscientes para ti.

 ¿Qué has descubierto? ¿Cuántas cosas realizas de manera habitual teniendo plena consciencia de ello y cuántas apenas te estás percatando en este momento?

 Mientras continúas leyendo este artículo te invito a observar la forma en que estás sentado, o acostado, sin intentar modificar nada, simplemente activar tu pensamiento y dirigirlo a observar de un modo consciente la manera en que tu cuerpo está respondiendo al acto de leer. ¿Qué partes de tu cuerpo están apoyadas?¿Cómo estás respirando?¿Cómo es la posición de tu cabeza? Si tienes alguna pierna cruzada ¿Cuál es? ¿En qué posición está tu mandíbula? ¿Cómo percibes tu espalda baja?

 Es un hecho que con la sola voluntad de observar tu propio cuerpo se generan pequeños cambios como por ejemplo que tu respiración se vuelve más lenta y más profunda.

 ¿Cómo creamos hábitos?

Muchos hábitos de mal uso comienzan en los primeros años de escolaridad.

Generalmente las acciones que realizamos de manera habitual tienden a sentirse cómodas en nosotros. Por ejemplo si eres diestro y tu hábito es usar tu mano derecha para cepillarte los dientes seguramente al intentar hacer lo mismo con la mano izquierda lo percibirás como incómodo o extraño.

Parte de nuestros hábitos físicos o de uso de nuestro cuerpo como el ser zurdos o diestros están influidos por factores genéticos y también por factores ambientales como lo que aprendemos de nuestros padres y la escuela.

Es un hecho que nacemos con las mejores condiciones evolutivas y de crecimiento. Esto es fácilmente comprobable si observamos como se mueven los bebés, como se equilibran cuando comienzan a caminar, cómo se sientan en total balance y como se agachan en cuclillas cuando necesitan bajar en el espacio, realizando de manera muy simple las sentadillas que de adultos nos cuesta tanto realizar en el gimnasio.

 A medida que crecemos hay diversos factores que irrumpen en este proceso natural de desarrollo. Comenzamos a observar a las personas que nos rodean y comenzamos a imitar patrones de movimiento, formas de estar de pie, o de sentarnos. Nuestro marco de referencia más cercano es nuestra familia y es de esta forma como aprendemos pautas que nos ayudarán a desenvolvernos en la vida así como también patrones perjudiciales de uso y comportamiento.

Cuando comenzamos la escuela, el hecho de pasar largas jornadas sentados en un banco que no está diseñado para la mecánica humana y en el cual no tenemos demasiada posibilidad de movimiento, hace que desarrollemos nuevos patrones de colapso y tensión. En la actualidad los video juegos y el uso de computadoras desde temprana edad también son generadores de hábitos poco saludables en relación a la postura y al modo en que nos relacionamos con el medio ambiente.

Finalmente ya como sujetos independientes vamos desenvolviéndonos en la vida cotidiana con hábitos que hemos ido creando a lo largo de la vida, hábitos que “no actúan de manera aislada sino que conforman un todo integrado” (Body awarness in action, Frank Pierce Jones).

La Técnica Alexander para el dominio de los hábitos

 ¿Cómo llegar a ser diestros en el arte de observarnos a nosotros mismos para reconocer conscientemente los hábitos perjudiciales y a partir de allí modificarlos?

 En una clase de Técnica Alexander el maestro enseña al alumno a observar aquellos hábitos que generan un uso inadecuado de su estructura músculo-esquelética, y también a detectar todo tipo de patrones relacionados con tensiones innecesarias, esfuerzos excesivos o bloqueos y fijaciones musculares. El paso siguiente consiste en que el alumno aprenda a reconocer en sí mismo el potencial para tomar nuevas decisiones distintas a las que generaron el hábito perjudicial, es decir que todo el proceso podría resumirse en que la Técnica Alexander es un medio para aprender a tomar responsabilidad por nosotros mismos para poder hacer elecciones conscientes de pensamiento y acción.

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