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La cabeza guía y el cuerpo sigue

Cuando nos movemos físicamente tenemos la tendencia a pensar que un determinado movimiento se produce de manera aislada, sin conexión entre el resto del cuerpo. De esta manera pensamos en mover un pie, en dar un paso, en caminar, etc., sin tener en cuenta el enorme mecanismo de coordinación de nuestra unidad psicofísica.

George Coghill, un renombrado fisiólogo norteamericano contemporáneo a F.M. Alexander, descubrió que en los vertebrados la musculatura está íntegramente conectada con la totalidad del cuerpo, y de esta forma cualquier movimiento, aunque sea pequeño, involucra a la totalidad de la musculatura.

Rudolf Magnus, fisiólogo alemán, analizó el movimiento de muchos vertebrados como perros y gatos y descubrió que el movimiento en el espacio no se iniciaba en las patas sino comenzaba con una relajación en la musculatura del cuello lo que permitía un alargamiento de la columna y a partir de allí el resto del traslado era posible. En resumidas cuentas, la cabeza guía el movimiento y el cuerpo le sigue.

F. M. Alexander y el Control Primario 

Frederick Matthias Alexander llegó a las mismas conclusiones sin pertenecer al mundo de la medicina y sin haber conocido previamente los aportes de Coghill y Magnus. Su tenacidad y deseo de solucionar sus problemas vocales le hicieron descubrir esta relación entre la cabeza y el cuello observando y experimentando sobre sí mismo. Alexander denominó Control Primario al vínculo que existe entre la cabeza, el cuello y la espalda relacionado con el movimiento.

Alexander profundizó en sus teorías y propugnó la idea de que cualquier interferencia en esta relación cabeza-cuello-espalda incidiría en la calidad de todo tipo de movimientos. En consecuencia, para que un movimiento pueda ser libre y fluido debe existir una relajación en la musculatura que rodea al cuello, para así conseguir que el resto de la columna pueda alargarse y la coordinación motora subsiguiente sea la óptima.

Para lograr liberar el cuello de tensión, Alexander descubrió que podía simplemente dar una orden mental para que esto sucediera y de este modo dejar de interferir con la mecánica natural. Al repetirse la frase “cuello libre”, conseguía que su cabeza pudiera encontrar la posición natural sobre su columna sin comprimirla, sino por el contrario, permitiendo su alargamiento y, en consecuencia, el alargamiento de toda la espalda.

Ponlo en práctica

Donde sea que estés leyendo este artículo, observa mentalmente cómo se  encuentra tu cuello y tu espalda. Ahora repítete mentalmente la instrucción “cuello libre” sin la intención de hacer algo de manera directa, es decir sin intentar mover el cuello o hacer algo para que el cuello se libere. Simplemente pensar en tu cuello libre genera un efecto en la musculatura de tu cuello y permite que un cambio sea posible de una manera sutil pero poderosa.

Una vez que has pensado en esta estrategia de liberación de tu cuello puedes intentar moverte, si estás en una silla prueba pararte, si estás parado prueba sentarte, pero siempre recordando tu frase-mantra “cuello libre” en todo el trayecto del movimiento.

Al principio te tomará algo de tiempo reconocer de manera consciente este proceso, pero si te habitúas a ponerlo en práctica de manera frecuente observarás cómo tu movimiento general en las actividades cotidianas se vuelve más ligero y fluido.

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