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Cómo caminar con más confianza y menos dolor

La semana pasada una alumna, que ya ha tomado varias clases de Técnica Alexander y a quien llamaré S., llegó a la clase y me dijo: “quiero decirte que me siento una nueva persona, camino con más confianza y ya no tropiezo.” Sentí una enorme alegría de saber cómo, en pocas clases, S. había mejorado su forma de caminar. Antes de comenzar clases S. me había comentado sobre la frecuencia con que solía caerse, esto le había generado enorme inseguridad  e inestabilidad al momento de dar pasos. Además, y debido al miedo a caerse, había desarrollado hábitos de tensión y colapso como una forma de ‘evitar’ caerse, hábitos que se tradujeron en mayor compresión en sus articulaciones y por ende, mayor dolor e incomodidad.

Reaprender

Ya han pasado muchos años desde que, siendo casi bebés,  comenzamos a caminar por primera vez. Al comienzo con mucha inseguridad, desbalance, y tropiezos, pero una vez superada esta etapa inicial de nuestra vida, ya estuvimos listos para transitar por este mundo. 

Como sucede con muchas actividades de la vida cotidiana, también hemos desarrollado, con los años, hábitos que interfieren con el normal y orgánico funcionamiento en el acto de caminar. Más allá del tipo de hábito que tengas, y cualquiera sea tu edad, es importante darnos cuenta que una actividad a la que muchas veces damos por sentada, puede replantearse y reaprenderse, permitiendo que el funcionamiento fluido de las partes corporales involucradas hagan el trabajo que les corresponde.

¿Cuáles son tus hábitos?

Date un minuto para caminar en el cuarto o en el espacio en el que te encuentras. Observa cuáles son tus hábitos al momento de caminar, ¿qué estrategias tienes para desplazarte? Puedes caminar simplemente al tiempo que te observas respondiéndote las siguientes preguntas:

¿Puedes identificar qué parte de tu cuerpo lidera o inicia el movimiento?

¿Cómo es tu pisada? Hacia los costados del pie, hacia adelante, hacia atrás

¿Cuál es el movimiento de tus articulaciones? Rodillas, tobillos, cadera…

¿Cómo es tu respiración?

¿Cuál es la posición de la cabeza?

¿Qué tan libre se encuentra tu cuello?

Podrías hacerte estas y muchas preguntas más. La cuestión es agudizar el sentido de la observación en tu propio accionar.

Gravedad y oposición

La gravedad tiende a ‘empujarnos’ hacia abajo, pero gracias al maravilloso sistema de soporte que tiene nuestro cuerpo, una reacción en cadena se desata desde que nuestros pies tienen contacto con el piso, ocasionando que los reflejos de alargamiento y estiramiento en todo nuestro cuerpo actúen y así evitar desplomarnos. Es por esto que tomar consciencia de este maravilloso sistema puede ayudarnos a generar mayor espacio dentro de nuestro cuerpo para que las articulaciones involucradas puedan funcionar de manera fácil y fluida.

Para ello te propongo que te detengas por un instante y tomes conciencia del contacto de los pies con el piso, puedes quitarte los zapatos para tener una mejor referencia. Observa cómo es tu pisada, si está distribuida en todo el pie o solo en una parte e involucra en tu pisada a toda la superficie del pie. Al hacer esto ya estás colaborando con el sistema de reflejos neuromusculares que generan el soporte de tu postura, y que llega hasta la parte más alta de tu cabeza, tu coronilla.

Por medio de pensar en la dirección de tu cabeza hacia el techo, o hacia el cielo estás permitiendo que exista una verdadera oposición entre el contacto de los pies en el piso y tu cabeza. Esta conciencia de la oposición de ambas direcciones hace más fácil el estar de pie, permitiendo liberar peso a las articulaciones de tus tobillos y rodillas.

El arte de caminar

Una vez que exploraste de manera consciente y curiosa tus propios hábitos al caminar y  tuviste esta nueva experiencia sobre el acto de estar de pie, puedes comenzar a caminar nuevamente. Hazlo de manera muy lenta, no importa en este momento el fin de caminar, sino de qué forma vas a hacerlo. 

Mientras caminas, mantén en mente esta clara distancia entre tus pies y tu cabeza y permite que tanto tobillos, rodillas como articulación de la cadera puedan moverse de manera libre sin intentar imponerles ningún movimiento en particular. Cuando caminas la propulsión sucede porque tus articulaciones se mueven, así que si te has dado cuenta que fijas tus articulaciones al momento de caminar, permíteles que se liberen, dales espacio para el movimiento.

Puedes observarte en esta ‘nueva’ forma de caminar e incluir en tu observación tu respiración, sin detenerla o suspenderla.

Mientras estás caminando de esta forma, tu cuerpo está recordando cómo es el verdadero reflejo de alargamiento que sucede tanto en el frente como atrás de tu cuerpo.

La importancia de la mirada

Es muy frecuente que cuando quieres mirar algo hacia abajo, como por ejemplo tu celular o el piso al caminar, dejas que tu cabeza colapse hacia adelante y hacia abajo y ‘desorganizas’ de esta forma toda la integridad de tu columna, ya que al colapsar tu cabeza también tu cuerpo lo hará. Por otro lado estarás también acortándote en tu estatura y comprimiendo de manera significativa los espacios intervertebrales.

Es importante que tengas en cuenta que tus ojos pueden mirar el piso de manera independiente a tu cabeza, y conscientemente puedes permitir que el largo en tu columna siga sucediendo sin que la cabeza se desplace hacia adelante y abajo.

Agrega ahora a tu propia exploración sobre el acto de caminar el uso de los ojos para ver el piso cuando lo necesites, sabiendo que no es aconsejable ‘dejarte ir hacia abajo’ y conserva tu altura, tu espacio, al tiempo que tus ojos se mueven al piso o donde sea necesario, sin sacrificar el alargamiento en tu espalda.

Regresando al ejemplo de mi alumna S., ella fue capaz de reflexionar sobre sus hábitos al momento de caminar y organizar de forma consciente una nueva manera de realizar esta acción, un nuevo camino más acorde con su propio diseño. De esta forma, al observar los hábitos adquiridos que interferían en su libre caminar y al construir nuevas formas de movimiento adquirió mayor confianza equilibrio y estabilidad. Esto me lleva a recordar una famosa cita de F. M. Alexander que dice “cuando dejas de hacer lo incorrecto, lo correcto sucede por sí solo.”

En la medida en que puedas ir incorporando estas sugerencias al caminar desarrollarás mayor libertad, ligereza y confianza.

Deseo este artículo te haya permitido vislumbrar nuevas formas de moverte. 

Me gustaría que me comentaras cómo te has sentido, qué nuevos descubrimientos has tenido sobre tus hábitos y sobre el acto de caminar. Puedes dejar un comentario o escribirme a pablo@pablobuniak.com.

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